La historia del fútbol sala europeo no se entiende sin España, y España ha decidido que no quiere faltar a su cita con la historia en Ljubljana. La Selección Española certificó su pase a la que será su décima final de una Eurocopa, un hito mayúsculo que la sitúa a un solo paso de levantar su octavo título. Sin embargo, la victoria ante Croacia (1-2) no fue un paseo militar, sino un ejercicio de paciencia, talento y, finalmente, de pura supervivencia ante un rival que vendió cara su derrota hasta el último segundo en el Stozice Arena.

Ahora, con los deberes hechos y el corazón volviendo a su ritmo normal, la expedición española aguarda rival: saldrá del duelo de titanes entre Francia y Portugal.

Un ajedrez táctico inicial

Desde que el balón echó a rodar, las cartas quedaron boca arriba. Marinko Mavrovic, técnico croata, planteó un partido de trincheras: bloque bajo, seguridad defensiva extrema y balones largos de su portero, Piplica, buscando la envergadura de sus "torres": Mataja, Peric y Sekulic. El plan era claro: resistir y cazar una contra.

Ante este planteamiento, Jesús Velasco agitó la coctelera táctica. El seleccionador español sorprendió de inicio modificando su quinteto habitual para dar entrada a la potencia de Pablo Ramírez. La misión del jugador de O Parrulo Ferrol era clara: fijar a la defensa, especialmente a Vukmir, y desgastar la roca croata desde dentro.

El partido comenzó trabado, cortesía de un arbitraje muy riguroso por parte de la dupla formada por Ondrej Cerny y Chiara Perona. El listón bajo en las faltas cargó rápidamente a ambos equipos, pero fue Croacia quien se vio con la soga al cuello, acumulando cinco faltas en apenas 12 minutos. España, con cuatro infracciones, supo leer mejor el riesgo y evitó conceder el temido doble penalti. Hubo tiempo incluso para la polémica, con una revisión de vídeo solicitada por España por una acción sobre Cortés que los colegiados decidieron no sancionar.

La pegada española rompe el muro

A España le costaba encontrar grietas en el entramado defensivo de Piplica. La posesión era roja, pero la profundidad escasa. Sin embargo, la insistencia tiene premio. Corría el minuto 13 cuando la pizarra y la fuerza dieron sus frutos: Pablo Ramírez justificó la apuesta de Velasco abriendo la lata en lo que era apenas el tercer disparo a puerta con peligro real de la Selección (0-1).

El gol obligó a Croacia a estirarse tímidamente, lo que generó los espacios que anhelaba el talento español. Antes del descanso, apareció la zurda de seda de Mellado. En el minuto 19, el jugador cartagenero conectó un disparo que superó nuevamente a Piplica, subiendo el 0-2 al electrónico. España se marchaba a vestuarios con una renta valiosa y la sensación de tener el partido controlado.

Sufrimiento y agonía final

El guion cambió tras la reanudación. Los segundos 20 minutos se hicieron eternos para la Selección. Faltaba la estocada final, ese tercer gol que matara el encuentro. Las ocasiones llegaron —Cortés tuvo la sentencia en sus botas y Piplica se lució con tres paradas de mérito—, pero el balón no entró.

Croacia, fiel a su espíritu competitivo, se mantuvo viva. A pesar de volver a entrar en el bonus de las cinco faltas, los balcánicos, liderados por Cekol y Jurlina, empezaron a creer que la remontada era posible. El reloj corría lento para España y demasiado rápido para Croacia, hasta que Mavrovic quemó sus naves.

A falta de 4 minutos y 36 segundos, el técnico croata ordenó el juego de cinco con Jelovcic como portero-jugador. La superioridad numérica surtió efecto y el caos se apoderó de la defensa española. En el minuto 37, la mala fortuna se cebó con Rivillos, que introdujo el balón en su propia portería (1-2) tras un rebote.

El gol encendió las alarmas y el final fue no apto para cardíacos. Un error de concentración de Dídac Plana, al tocar el balón dos veces en su propio campo, regaló una falta indirecta a Croacia al borde del área. El pabellón contuvo la respiración. El disparo de Sekulic superó la barrera pero se estrelló violentamente contra el larguero, salvando a España de la prórroga.

La Selección apretó los dientes, defendió con todo y gestionó los últimos segundos con el oficio de un campeón hasta escuchar el pitido final. Fue sufrido, fue agónico, pero fue efectivo. España está donde quería estar: en la final, buscando recuperar su trono en Europa.

 

FICHA TÉCNICA

CROACIA: Piplica; Vukmir, Jelovcic, Lima y Mataja. También jugaron: Kustura, Gudasic, Peric, Cekol, Sekulic, Jurlina, Kuraja y Hrstic.

ESPAÑA: Dídac Plana; Antonio Pérez, Mellado, Cortés y Pablo Ramírez. También jugaron: Ricardo Mayor, Adri Rivera, Raya, Rivillos, Adolfo, Cecilio, Gordillo y David Novoa.

GOLES: 0-113' Pablo Ramírez. 0-2. 19 Mellado. 1-2 37 Rivillos, en propia puerta

ÁRBITROS: Ondrej Cerny (República Checa) y Chiara Perona (Italia). Amonestaron a Mellado (2'), Cekol (23'), Kuraja (27'), Gordillo (28'), Peric (31') y Antonio Pérez (40')

Stozice Arena: 6.456 espectadores

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